Petróleo e impacto ambiental

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El petróleo natural, mejor conocido como petróleo crudo, es una mezcla compleja de miles de diferentes moléculas. Varía en composición en las diferentes partes del mundo y depende de la edad y las condiciones de su formación. El principal componente del petróleo son los hidrocarburos, que son moléculas compuestas de carbono e hidrógeno principalmente. Algunos petróleos crudos tienen hasta un 98% de hidrocarburos. Otros de los componentes son: azufre, nitrógeno, níquel, hierro, vanadio y oxígeno. El petróleo refinado son las fracciones que se obtienen al calentar el petróleo crudo.

Desde el inicio de la actividad petrolera el medio, en el que ésta se ha desarrollado, se ha visto afectado por numerosos intervenciones que han dañado severamente el ambiente circundante. Las huellas más evidentes, las cuales podemos encontrar en todos los lugares del planeta donde se ha explotado petróleo, frecuentemente han sido ocasionadas por accidentes en tanques de almacenamiento, en oleoductos o con los llamados super petroleros. Sin embargo los accidentes, aún siendo los acontecimientos que suelen alcanzar mayor notoriedad ante la opinión pública, no son las únicas fuentes de contaminación o degradación del medio, ni siquiera las más importantes.

Todas las actividades que están envueltas en la exploración y explotación del petróleo provocan impactos potencialmente negativos sobre el medio ambiente y sobre las personas que lo usan o que están en contacto con él. En ocasiones las operaciones normales de trabajo en una explotación petrolera tiene consecuencias muy perjudiciales, sus efectos son a mayor largo plazo y magnitud que las catástrofes accidentales que puedan suceder.

Gran parte de los ecosistemas afectados por la exploración y explotación de hidrocarburos cuentan con formas de vida muy diversas y de gran complejidad. A pesar de este hecho, la expansión petrolera muy a menudo se enfoca en dichos ecosistemas.

Existen muchas formas de contaminación durante la operación petrolera.
La operación "sísmica" es una de las más utilizada en esta etapa de exploración, y mide las ondas de resonancia que produce la detonación de cargas de dinamita. Esto significa que la zona explorada queda completamente llena de agujeros dinamitados.

Cuando ya se ha determinado el lugar donde hay probabilidades de encontrar petróleo se empiezan a abrir los pozos exploratorios. Durante este proceso son utilizados lodos químicos, los cuales son altamente contaminantes, para la mayor penetración en el terreno de los taladros que deben ser enfriados constantemente con agua. También se construyen piscinas para depositar las aguas ácidas y los lodos contaminados que salen junto con el posible petróleo.

Esta fase de la exploración altera el equilibrio natural, requiere de grandes cantidades de agua del lugar y aumenta los niveles de contaminación. También, en las perforaciones se producen lodos con metales pesados y tóxicos como el cadmio, cobre, arsénico, mercurio y plomo. Estos tóxicos pueden ir al agua mezclados con otros contaminantes y terminar en el mar. La contaminación acústica a causa de las explosiones y de los taladros también es muy importante porque puede provocar perdidas en la biodiversidad de ese ecosistema y alteraciones de los patrones de conducta de los animales.

Cuando alguno de los pozos exploratorios toca un yacimiento se inicia la fase de extracción. En tierra o en mar, las operaciones a realizarse en esta etapa alteran el ambiente natural y lo contaminan. Esta etapa presenta riesgos adicionales de accidentes, sobre todo relacionados con los gases venenosos, las aguas ácidas y los depósitos de crudo.

Luego de la extracción comienza la etapa del transporte del petróleo crudo, que es una de las operaciones más riesgosas y costosas en términos de destrucción ambiental. Desde que se transporta petróleo masivamente, son millones los barriles de petróleo que se han derramado en territorios selváticos, ríos, lagos y mares. Las consecuencias de tales derrames continúan afectando estos ecosistemas muchos años después.

La combustión o quema, de los derivados del petróleo, viene al final y produce elementos químicos como el dióxido o anhídrido de carbono o CO2, dióxido de azufre, de nitrógeno y otros compuestos orgánicos volátiles, que causan graves problemas ambientales.

Dentro de estas etapas también existe una compactación de los suelos por la maquinaria pesada donde, por la perdida de vegetación, se produce una erosión y contaminación muy importante de los suelos de la zona. Los microorganismos del suelo son alterados por la contaminación petrolera, desapareciendo o disminuyendo las especies menos resistentes, además de altas tasas de mutaciones. Las alteraciones al suelo pueden producir cambios en el PH de este y del agua que podría causar un deterioro crónico en los diferentes ecosistemas.

El impacto ambiental más importante que produce el petróleo es en el medio ambiente marino y puede provocar grandes desastres ecológicos como también económicos y sociales.

Como lo dicho anteriormente, el petróleo en el mar no se le atribuye solamente a los vertidos accidentales, que sólo responden al 10% del petróleo total. Existen otras fuentes que juntas atribuyen mucho más; como por ejemplo la filtración natural, las refinerías de petróleo situadas en la costa o por los desechos de millones de barcos que recorrieron diariamente los mares y que no tuvieron accidentes de ningún tipo.

El petróleo vertido en el medio marino provoca lo que se conoce como "marea negra", que es una masa espesa que flota en la superficie del agua. Ésta masa, una vez en el agua, se degrada por procesos físicos, químicos y biológicos. Al principio, se extiende con rapidez sobre la superficie del mar, y se divide en una serie de "hileras" paralelas a la dirección del viento dominante.

La evaporación se produce rápidamente, los compuestos volátiles se evaporan en unas 24 horas. Las manchas de petróleo ligero pueden perder hasta un 50% en cuestión de horas.

Las fracciones remanentes del petróleo, es decir las más pesadas, se dispersan en el agua en forma de pequeñas gotas, que terminan siendo descompuestas por bacterias y otros microorganismos. La velocidad a la que se producen los procesos mencionados arriba dependerá del clima, el estado del mar y el tipo de petróleo.

La contaminación también puede ser muy perjudicial para la economía del lugar. Por ejemplo las playas contaminadas por petróleo causan serios problemas económicos a los habitantes de las costas porque pierden ingresos por la actividad pesquera y la turística, y además requieren de al menos un año para su recuperación, cuando tienen corrientes y olas fuertes, pero las playas que no tienen estas características tardan varios años en recuperarse.

Los Ecosistemas amenazados

A continuación nombraremos algunos de los ecosistemas marinos más amenazados:

En el mar, la contaminación por crudo es sobre todo dañina para los animales de superficie, en especial para las aves marinas, el petróleo daña su plumaje y también pueden ingerirlo al intentar limpiarse.

En la costa hay ciertos hábitats especialmente vulnerables y sensibles a este tipo de contaminación. Algunos de ellos son los corales y los manglares.

Los arrecifes coralinos, ecosistemas marinos de altísima biodiversidad, resistentes a la erosión y tormentas, son estabilizadores de las líneas de costa, especialmente en zonas tropicales bajas, son altamente afectados por este tipo de contaminación. Hacen falta décadas para que un arrecife se recupere después de un derrame. En los componentes vegetales del arrecife hay una reducción en la tasa de fotosíntesis. Se produce un mal desarrollo del tejido reproductivo y la atrofia de las células reproductoras; dichos efectos pueden durar algunos años después del contacto con el crudo, reduciendo la tasa de reproducción y por lo tanto la densidad de población. El petróleo produce alteraciones en la composición de las especies y en el hábitat.

En el caso de los manglares los derrames de petróleo son muy importantes en varios sentidos ya que es un ecosistema de gran importancia social, económica y ecológica. Es el hábitat de muchas especies de peces y mariscos, y por esto también es una fuente de materia prima para muchas actividades productivas de las comunidades asentadas en su entorno. Las actividades petroleras en el manglar producen interrupción del flujo del agua dulce, del mar hacia los manglares y dentro de ellos, lo que altera la forma de drenaje, la vegetación, el suelo, y produce la inestabilidad general de la zona. La perforación se hace por dragado, para hacer más profundo y ancho los canales existentes, lo que puede destruir totalmente la zona afectada. Se produce erosión a gran escala, muerte de la vegetación, interrupción en el crecimiento de las plántulas, sofocación e intoxicación de las raíces zancudas y disminución de las raíces absorbentes. La recuperación del manglar puede tardar varias décadas; además, hasta ahora no se conoce ninguna manera de limpiar la contaminación del sedimento sin destruir el bosque.

Otros ecosistemas afectados por la actividad petrolera son los lechos de los pastos marinos, que crecen en aguas someras, sobre todo de costas. Los lechos de pastos marinos estabilizan el fondo marino, sirven de trampa de sedimentos, mejoran la calidad del agua y alimentan directamente a más de 340 animales marinos, que sufren cuando se interrumpe la cadena alimenticia. Algunas especies muy susceptibles mueren en contacto con el crudo y se recuperan muy difícilmente.

Finalmente, en ecosistemas costeros el petróleo afecta gravemente a las especies que anidan en la arena. Los huevos absorben la humedad del ambiente que les rodea, por lo que pueden absorber los hidrocarburos presentes. Si hay contaminación en zonas de anidación, el impacto puede ser catastrófico para la reproducción. La contaminación por petróleo retarda la eclosión de los polluelos y produce anormalidad en el carapacho de las tortugas, especialmente cuando la exposición ocurre en las etapas tempranas, que es cuando éste se forma.

Cuando se produce un derrame de petróleo no sólo mueren gran cantidad de peces, aves y otras especies de pequeña dimensión, que no son visibles para nuestra vista, sino que también las ciudades toman el agua de los ríos o los mares y son víctimas de posibles contaminaciones.

No cabe duda, pues, de que la actividad petrolera pone en peligro varios de los ecosistemas más importantes. Los mares constituyen una gran fuente de recursos naturales para miles de poblaciones. Sin embargo, la actividad petrolera produce impactos sociales y ecológicos, tanto por accidentes como por prácticas rutinarias de la operación.


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